domingo, 14 de septiembre de 2014

Mark I, el primer barco terrestre (II)

Un Mark I estropeado durante la 'Ofensiva del Somme', los
soldados tampoco están mucho mejor.

A pesar de que la lista de defectos y desperfectos del Mark I era más larga que un día sin pan, en Marzo de 1916 se formó la 'Sección Pesada del Cuerpo de Ametralladoras' al mando del Coronel Swinton cuyo cuartel general se estableció primero en Bisley y luego en Elveden Camp donde llegaron a conformarse cuatro compañías que comenzaron inmediatamente su entrenamiento en la verde campiña inglesa. Cinco meses después llegó el bautismo de fuego para los tanques participando en una de las mayores acciones de la IGM: la Ofensiva del Somme. 2.000.000 de soldados franceses y británicos, a lo largo de 40kms de trincheras, intentaron romper las líneas enemigas durante cuatro meses y medio. Winston Churchill, padrino de los tanques, no estaba de acuerdo en emprender ninguna acción con ellos hasta que se reunieran cien por lo menos, pero tras dos meses y medio de iniciada la batalla la situación era desesperada, con los alemanes asediando Verdún los aliados pretendían lanzar un gran ataque de distracción que rebajara la presión sobre los defensores franceses. En la mañana del 15 de Septiembre, enmascarados bajo un ensordecedor ataque de artillería que castigó las líneas alemanas, 49 tanques Mark I iniciaron la marcha desde retaguardia hacia las trincheras de lo que se conoce como la 'batalla de Flers-Courcelette'. Por desperfectos mecánicos solo 32 llegaron a las posiciones iniciales. Una vez dada la orden de avanzar, 7 tanques no arrancaron. Las tripulaciones de los 25 Mark I que pudieron iniciar el ataque pronto descubrieron las grandes diferencias que existían entre las verdes praderas suavemente onduladas de Gran Bretaña donde habían sido entrenados y el paisaje lunar de la tierra de nadie del Frente Occidental. No existía una estrategia clara para la utilización del carro de combate... de hecho, oficialmente hasta ese momento no existían los carros de combate. Así que la estrategia se decidió sobre la marcha: se enviaría a los tanques delante para que abrieran paso a la infantería aplastando las alambradas e intentarían protegerla manteniendo a las ametralladoras enemigas ocupadas, no parece algo muy elaborado, pero nadie lo había intentado antes. Se desplegaron en una línea de unos 6km de largo y avanzaron, 17 tanques fueron destruidos o inutilizados en tierra de nadie. Pero las bajas entre los Mark I fueron bastante modestas si tomamos en cuenta que el avance de aquellos 3kms produjo unas 30.000 víctimas en la infantería británica. El pueblo de Flers cayó en manos aliadas, pero las líneas alemanas no se rompieron, sino que retrocedieron y fueron rápidamente reforzadas.

A estos distinguidos personajes se les permitía fotografiarse
 con un tanque tras hacer una pequeña aportación monetaria
 para la causa.
Si bien Flers-Courcelette no fue una victoria militar, los medios de comunicación británicos la convirtieron en una victoria propagandística importantísima para sacar a la opinión pública de la apatía que le generaba el estancamiento de la guerra de trincheras. Cada noticia sobre los tanques que aparecía en periódicos, radio y los cortos noticiosos que se proyectaban en cines, le hacían aparecer como el arma milagrosa que ganaría la guerra. Esto no solo dio un empujón a la apaleada moral de las tropas que agradecían cualquier alternativa que les ayudara a sobrevivir en la siguiente carga contra las líneas enemigas, sino también a la recaudación de fondos para la guerra y al reclutamiento de nuevos soldados. Esa gran popularidad de los tanques hizo que en los primeros meses de 1917 muchas industrias navales y armamentísticas fueran reconvertidas para producirlos y, hacia el final de la guerra, llegaron a hacerlo a un ritmo de 250 unidades al mes. Los británicos pensaban dar un golpe a lo grande para romper de una vez por todas las líneas alemanas... pero ese gran golpe se hizo esperar.

Tanques empantanados en Ypres, también conocida como
'la batalla del barro'.
60 tanques fueron desplegados en la 'Batalla de Arrás' en Abril de 1917 para participar en la toma de Bullecourt (10km al sureste de Arrás), el terreno húmedo dificultaba el movimiento y el clima frío afectaba a los motores por lo que la gran mayoría no arrancaron o quedaron atascados en el barro. Finalmente, y con un día de retraso, solo 11 tanques llegaron para apoyar a la 4ª División Australiana en su ataque, los australianos tomaron las trincheras alemanas pero sufrieron tantas bajas que debieron retirarse al no contar con efectivos suficientes para defender la posición. En esa ocasión los alemanes capturaron dos Mark I y tras inspeccionarlos llegaron a la conclusión de que no era necesario adoptar mayores medidas para defenderse de aquellos armatostes a los que no consideraban una amenaza seria, las recién creadas municiones perforantes 'K' (para fusiles) cumplían bien con su cometido de traspasar el blindaje de los Mark I así que se dieron órdenes de repartir más de estas entre las tedescas tropas. Arrás fue otra mancha más en el historial del tanque, aunque no la última. Para el verano de 1917, algo más de un año después de la batalla del Somme, los tanques participaron en la ofensiva de Passchendaele (también conocida como la 'Tercera Batalla de Ypres'). El objetivo de los aliados era destruir las bases de submarinos alemanes a lo largo de la costa belga cuyos U-boot estaban mandando al fondo del mar los valiosos suministros que viajaban hacia Inglaterra. Un intenso bombardeo preparatorio de 10 días en el que 3.000 piezas de artillería dispararon más de cuatro millones de proyectiles dejó cientos de miles de cráteres y montañas de tierra suelta a lo largo de los 17kms que conformaban el frente aliado. Esto, además de mandar al garete el elemento sorpresa, inutilizó las vias de drenaje naturales del terreno, embozando el agua de las lluvias de finales del verano. Los testigos coincidían en que aquél otoño fue el más húmedo de cuantos se recordaban. La tierra de nadie se convirtió en una ciénaga gigante que literalmente engullía cualquier cosa que intentara atravesarla... tanques incluídos. Y así fue como los barcos terrestres recibieron otro gran varapalo al anegarse en los mares de barro de Bélgica.

El Coronel Hugh Elles y sus oficiales del
'Tanks Corps' tenían varias ideas...
 solo necesitaban una oportunidad.
La mayor parte de la cúpula militar ya veía con malos ojos a esos costosísimos engendros metálicos que demostraban una y otra vez su incapacidad para contribuir en lograr una victoria, se empezaba a manejar la posibilidad de parar todo el experimento. Pero la apuesta había sido muy elevada, no solo en términos económicos sino también de imagen. La retirada o el abandono del 'arma maravillosa' podía suponer un golpe muy grande de cara a la opinión pública y también para la moral de los combatientes, la mayoría de ellos nunca había visto un tanque en acción pero todos albergaban la esperanza de que alguno, alguna vez, se interpusiera entre las ametralladoras alemanas y sus británicos huesos. El 28 de Julio de 1917 se fundó el 'Cuerpo de Tanques' (Tank Corps) separándolo del 'Cuerpo de Ametralladoras' convirtiéndose en una unidad nueva e independiente formada por 8 batallones, cada uno contaba con 36 tanques (mas otros 6 de reserva), la plantilla de cada batallón estaba compuesta por 32 oficiales y 374 subalternos. Nuevos batallones fueron incorporándose hasta el final de la Gran Guerra y más allá. Los oficiales del 'Cuerpo de Tanques', con su flamante comandante Sir Hugh Jamieson Elles a la cabeza, confiaban en que podían llegar a ser un elemento decisivo en la guerra siempre que se aplicara un principio fundamental en la lucha por la supervivencia: aprender de los errores. Aplicando nuevas tácticas surgidas a partir de las anteriores derrotas, los oficiales esperaban poder cambiar la pisada y dejar atrás la mala racha. Su oportunidad de demostrar esto llegó el 20 de Noviembre de 1917 a las 05:00 de la mañana.

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